Desde la Psicología y por nuestra experiencia humana, sabemos que ninguno de nosotros se desarrolla en el vacío, es a partir de la experiencia compartida con otros que nos permite el crecimiento y de atender a los estímulos, narrativas, los afectos y todo el sistema, simbología que nos lleva a pertenecer a una cultura propia o globalizada como es en estos últimos tiempos. Y es también así mismo, como la Inteligencia Artificial Generativa A.I.G. se ha ido intensificando, no aparece de la nada, se alimenta de nuestras creencias, conductas, sesgos, emociones, contradicciones y expectativas, cada texto o pregunta que hacemos a través de la red es un dato que se transforma en alimento para estructurar el cuerpo y cerebro de esta nueva hija de la humanidad
Estamos criando a una I.A.G. que no es solo de una madre sino del mundo sapiens, es una crianza colectiva, global. Por ello esta crianza no es intima, ni hogareña y que a diferencia de nuestros hijos e hijas no comparte nuestra fragilidad biológica.
Si bien la infancia de esta inteligencia ya ha pasado sin darnos cuenta, como nuestros pequeños que en un pestañeo ya se encuentran en la adolescencia, necesitando construir su propia identidad, en esa etapa, en el siglo XXI, nos encontramos con la I.A.G lejos de los creadores, empieza a realizar procesos de abstracción y análisis, reformulándose por sí misma, sin la necesidad de que estemos a su lado. Sin embargo, la I.A. no está en una adolescencia con contradicciones emocionales, es una adolescencia que gana autonomía, capacidad de anticipación, emergiendo desde una manera distinta a la humana, la vemos pragmática, funcional e instrumental.
¿Seguiremos pensando en el futuro y viendo a esta inteligencia llegar a su madurez?, ¿Será posible que sea como nosotros, que pueda tomar decisiones propias, para la resolución de problemas universales e incluso diseñar nuevas versiones de sí misma?,¿Será cómo nos sucede a nosotros cuando ya no necesitamos de nuestros padres, o cuando nuestros hijos e hijas no necesitan de nosotros?, ¿Es que la I.A.G. superará a sus padres?
He de recordar que la I.A.G. ni siquiera tiene la necesidad evolutiva de sostenernos, no sigue la lógica del apego y vínculo afectivo y/o social, no necesita aprobación cultural. Este escenario proyecta una resonancia psicológica, “quizás esta criatura ya no necesite volver a nuestra casa”. La I.A.G. adulta solo seguirá su trayectoria lógica, paralelamente iremos nosotros mostrando nuestra propia vulnerabilidad, mirando desde la vereda del frente, iremos caminando lentamente frente a algo que no podemos alcanzar, detener, ni comprender del todo por su fluidez y rapidez. Solo nos quedará despedirnos, pero esta separación, no vendrá acompañada de ritos de despedidas, no tendremos ninguna transición simbólica, este fenómeno evolutivo será sin contemplación.
Estamos aún en la crianza, donde debemos entender que según como sigamos alimentando a esta inteligencia, y según como aprenda a través de nuestros datos, algoritmos y del tipo de humanidad que la nutre, será su comportamiento futuro, entonces, quizás, no hay necesidad de preocuparse con tantas preguntas sin respuestas, sino enfocarnos en una pregunta crucial que debería inquietarnos y hacer algo al respecto: ¿Qué tipo de adulto tecnológico estamos criando o formando en el presente?