LA PENA DE MUERTE AL DEBATE: SEGURIDAD A CUALQUIER PRECIO

La pena de muerte es un tema que sigue de actualidad, aunque se haya abolido en muchos países del mundo quedando solo en algunos lugares como del Asia y del Medio oriente para las personas comunes como nosotros.

Nuestro país, está obligado constitucionalmente desde el 2002 a utilizar como máxima pena, “cadena perpetua calificada” (aunque aún está vigente la pena de muerte, en la justicia militar, para ciertos delitos, como conspiración contra la seguridad exterior). Igualmente, Chile esta suscritos a tratados internacionales de derechos humanos que prohíben la pena de muerte.

Sin embargo, nos encontramos con este tema en el presente,  políticamente tiene sus créditos para este tiempo convulso, donde se puede decir de todo, a la vez también, podemos encontrar aspirantes, lideres y presidentes que pudiera hacer una reforma a la constitución sin darle importancia a los convenios internacionales de derechos humanos, pidiendo revertir la abolición de la pena de muerte y siendo apoyado por un congreso mayoritario con sus mismas ideas, inspirados todos ellos, en esta sensación de inseguridad, “crisis y problemas de un país que se cae a pedazos”. (Aunque se dice que es muy difícil, porque una abolición a la pena de muerte llevaría consigo un problema de relaciones exteriores, afectando a la economía). Aclaración: Yo solo pienso en Trump y Milei, cualquier semejanza a alguno de nuestros aspirantes a presidente, solo se encuentra en el pensamiento o interpretación del lector.

La última vez que se aplicó la pena de muerte en nuestro país fue en 1985. Los ejecutados fueron Carlos Top Collins y Jorge Sagredo Pizarro, también conocidos como los «psicópatas de Viña del Mar».

Cuando se habla de Psicopatía, la sociedad mundial queda pasmada frente a casos de delincuencia terrible, que supone un trastorno de psiquiatría o una conducta monstruosa. Como es el caso también de las violaciones sexuales a seres indefensos.

El porcentaje de la Psicopatía congénita (los Psicópatas) evidencia un 14% al 20 % de la población carcelaria, es bajo en comparación con el Trastorno de la Personalidad Antisocial que tiene el 67 a 80 %, los delitos sexuales equivalen al 10% aprox. de los presos, aunque es menor que los anteriores porcentajes, pero con proporciones nefasta igualmente para las víctimas. En estos últimos años, no ha subido tanto la cantidad de delitos como si los comportamientos delictuales que han sido más violentos y crueles; un porcentaje elevado de estas personas encarceladas estarían siendo consideradas dentro de la pena capital.

Profundizaré sobre la personalidad Antisocial, la psicopatía y el agresor sexual.

  1. El Trastorno de personalidad Antisocial tiene el más alto porcentaje de encarcelados. Las característica esencial del trastorno antisocial es un patrón general de desprecio y de violación de los derechos de los demás, no se ajusta a las normas sociales en lo que respecta a lo establecido por la ley. Comienza en la infancia o en la adolescencia temprana con conductas alteradas y continúa en la edad adulta como trastorno de personalidad. Este patrón también ha sido denominado sociopatía o trastorno de la personalidad disocial. El trastorno de la personalidad Antisocial con el tiempo sus características se debilitan o tienden a remitir con la edad.
  2. Psicopatía ( Psicopatas): Al estudiar la Psicopatia encontramos en su estructura de personalidad diferentes rasgos de alto egocentrismo y narcisismo, con autoevaluacion grandilocuente. El rasgo mas prominente es la ausencia de empatía, junto a otro raso central que es la ausencia de remordimiento y culpa. La psicopatía no remite con la edad, no obstante, ciertas conductas antisociales y delictivas de los psicopatas criminales, tienden a desaparecer con la edad, al mismo tiempo que su fuerza físisca. Los rasgo de su personalidad psicopática y emociones permanecen inalteradas durante toda su vida. Esta explicación se entiende logicamente con lo siguiente: «para engañar y manipular a otros no es necesario incurrir en actividadess delictivas , como tampoco es para seducir a alguien y luego parasitarlo.
  3. Agresor Sexual: Tipificado en Chile legalmente como delito sexual. El perfil psicopatológico del agresor sexual no existe, tampoco existe un trastorno que específique o que condicione y/o genere estos actos delictivos. Sin embargo, en la clasificación de trastornos mentales del DSMV, existe la denominada parafilia (excitación sexual que se desvía de lo convencional o típico) Incluyen ocho trastornos específicos de parafilia: El exhibicionista, fetichista, frotteurista, pedofilia, masoquismo sexual, sadismo sexual, travestismo y voyeurismo. Esta clasificación Parafílica ha involucrado algunas complicaciones en el área judicial, forense, donde a veces se intenta llevar a pruebas diagnósticas de falsos positivos. De hecho, en comparación con otros trastornos parafílicos, el abuso sexual infantil es incluso más probable que ocurra por razones no parafílicas. Por ejemplo, estudios realizados con voluntarios para completar de forma anónima cuestionarios sobre patrones de excitación parafílico, demostró que solo 2 participantes de un total de 367 personas tenían un patrón de excitación parafílica subyacente, es decir manifestaron sentirse angustiado y le afectaba su comportamiento en diferentes ámbitos de su vida.

En Chile los porcentajes y prevalencia de violencia en personas encarceladas como se dijo anteriormente se encuentran más altos para el Trastorno de Personalidad Antisocial (TPAS )67 % a 80%. Así mismo, todos los “Psicópatas Criminales” encarcelados, tienen una Personalidad Antisocial, (pero no todos los Trastornos de Personalidad Antisocial son psicópatas) también los agresores sexuales se encuentran en sus personalidades una prevalencia del 40 al 50 % del Trastorno Antisocial. Además, comúnmente se encuentra el Trastorno de Personalidad Antisocial, coexistiendo con dos o más Trastornos Psiquiátricos es decir existe Comorbilidad, encontrándose junto al Trastorno por Consumo de Sustancias, a los Trastornos del Estado de Ánimo y de Ansiedad, al Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), a los Trastornos del Aprendizaje, a los Trastornos del Juego y a otros Trastornos de la Personalidad.

Estos porcentajes muestra que el problema a solucionar es la relación terapéutica psicológica y psiquiátrica – farmacológica con el Trastorno de Personalidad Antisocial. Además que este trastorno, permite que en un porcentaje elevado de los comportamientos psicopáticos y de agresión sexual, (ambos comportamientos no estan considerados dentro de las clasificaciones de enfermedades Mentales, por que sus actos no le produce algun remordimiento o sufrimiento en algun ambito de sus vidas ) provoque la forma criminal y delictual de sus comportamientos.

Estos casos de Trastornos de Personalidad Antisocial son referentes de puertas giratorias en las cárceles del país, es decir que al alrededor del 45 % de los presos al salir vuelven a delinquir y vuelven a ingresar a la cárcel.  Esta rotación delictual, lleva a la ciudadanía a pensar en la necesidad de seguridad individual y social y se apela a la pena de muerte con la idea de la autodefensa o autoprotección, debido a que, estos trastornos, desde la intervención psiquiátrica y/o psicológica, se suponen muy difíciles de cambiar.

En favor de la seguridad nacional, sería posible asumir sin más, que sería mejor sacar de las faz mundial a estas personas que seguirán supuestamente delinquiendo y que, además, traerán al mundo más hijos con posible heredabilidad de sus trastornos y/o que estos mismos niños(as) se desarrollen en contextos crueles y de falta de oportunidad y después generen Trastornos o comportamientos delictuales. La encrucijada es sobre la seguridad de estas hipótesis, Estas personas, ¿Tendrán todos sus descendientes un comportamiento criminal?, ¿Deberíamos tener pena de muerte para que las personas tengan límites claros y sea una manera de contener los comportamientos delictuales?

Por otro lado, también sabemos que no es imposible cambiar, la plasticidad neuronal, nos muestra nuestra posibilidad flexible tanto, de adaptarnos como, de convivir en un medio ambiente que nos sea favorable, Y a través de estudios longitudinales se ha visto que, en algunos de los casos, remiten o cambian positivamente estos patrones alterados de la Personalidad Antisocial. De esta manera, al saber de la existencia de posibilidad de cambio, es lo que hace la diferencia. Entonces podrías hipotetizar que se pueda lograr la estabilización de sus comportamientos antisociales con la edad más avanzada de estos casos o con algunas intervenciones psiquiátrica – farmacológica y/o psicológicas, es aquí que se apunta a  otra incertidumbre, debido a que no se puede modificar todos estos casos de Trastornos de Personalidad Antisocial, ¿Cómo se puede determinar quién cambiara o no?; Y ¿Cómo podemos determinar que personas a medida que pasen los años ya no serán tan crueles?,

En realidad, este tema de la pena de muerte seguirá abierto, no hay una respuesta clara y saldrá a relucir en cada momento, sobre todo en una sociedad enferma como se encuentra hoy Chile, que debido a una muy alta percepción de violencia, con la sensación del aumento de la delincuencia y la crisis de confianza en los diferentes niveles del estado, que, cuando miramos con calma y no con miedo, descubrimos que  la percepción es  errónea y no siempre coincide con la realidad de la violencia en el país, pero nuestro cerebro se escinde y vivimos desde la creencia subjetiva desde una mente colectiva entregada por informaciones erróneas, la que nos dice que estamos en una constante amenaza,  que nadie nos protege, conduciéndonos al miedo e inseguridad frente a los delincuentes, a los otros, personas con trastornos delictuales. Estos otros que han sido niños (as) y ahora adultos, que se han desarrollado en situaciones negligentes, y traumáticas en nuestro país y que en un abrir y cerrar de ojos, justificadamente por la necesidad de seguridad, podríamos hacerlos desaparecer.

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